¿Qué es el puerperio?
por Alejandra Libenson
por Alejandra Libenson


Espacio de acompañamiento, reflexión y consultas sobre temas de crianza.
El lenguaje y la comunicación van más allá que la cantidad de palabras que pueda pronunciar nuestro hijo.
No nos preocupemos especialmente porque el niño no hable; lo que debe interesarnos primero es en buscar el contacto con él: que nos oiga, que sienta nuestro afecto, que perciba nuestra sonrisa y aprobación con palabras y caricias. Que escuche nuestra voz, que perciba que la expresamos afecto mediante el lenguaje y la comunicación del cuerpo y las palabras.
Que a su manera y con sus posibilidades según la edad, comprenda lo que le decimos, y nos preste atención como así nosotros a él.
¿Para qué sirve el lenguaje?
Sirve para poder expresarnos, poder pedir, reclamar, mostrar diferencias, nombrar entre otras tantas funciones.
El lenguaje nos hace humanos.
Nos puede conectar y/o desconectar según lo utilicemos.
Es inevitable y natural que existan situaciones especiales cuando tu hijo deja de ser el único, el mirado, mimado y amado.
La llegada de un hermano más allá de la felicidad que les produce a los padres y al resto de la familia por ese nuevo ser, para ese niño (hijo único hasta ahora), es un terremoto emocional.
¿Por qué puede desestabilizarlo?
Porque tiene que ver con el amor, y en el amor también existe el temor a perderlo, sentimientos opuestos, rivalidades, competencias, celos y envidias.
Por eso, Uds. habrán leído mis notas referidas a este tema en el sitio.
En esta ocasión me quiero detener a pensar juntos acerca de qué sentimos los padres frente a este “”sufrimiento del hijo primogénito” ante la llegada del “posible usurpador” y acaparador de elogios y miradas.
Ser padres de hijos mellizos o gemelos es un gran desafío.
¿Por qué? porque convoca permanentemente a preguntarnos cómo hacer para que mantengan esta unión que han logrado desde que se concibieron y darles la oportunidad de sentirse únicos, sí, hijos únicos a pesar de haber compartido el mismo útero y haber nacido exactamente el mismo día y el mismo año .
Como me lo han escuchado decir muchas veces, el origen de nuestras conductas y las de nuestros hijos están íntimamente relacionadas no sólo con lo que decimos o hacemos sino en cómo lo llevamos a cabo.
Nuestros gestos, nuestras vacilaciones, nuestras dudas o convicciones acompañan día a día cada acto cotidiano en la crianza de nuestros hijos.
Lo más importante es estar convencidos que los niños no pueden solos lidiar con sus emociones. Debemos acompañarlos.
Sus impulsos vitales son tan altos, su deseo de todo, sus ganas de descubrir, experimentar y probar los límites…no tiene límite, y es necesario ayudarlos a convivir con estas emociones y ayudarlos a regularlas.
“A veces se puede ahora esto no, ”tienes que esperar”, “esto a mamá y papá no les gusta que hagas”,” caramelos antes de comer no”, etc.
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