
Introducción
Jugar es la actividad central en la vida de los niños. Cuando los chicos juegan, construyen su mundo y se construyen a sí mismos.
La actividad más importante que hacen los niños es sin duda alguna... jugar. Esta valoración del juego infantil es el punto de llegada de una larga historia en la que no era considerado en su vital jerarquía. Más bien, durante la edad antigua e incluso la edad media, el jugar infantil era apreciado literalmente como pérdida de tiempo. Desde ya que tal consideración va de la mano de la idea que los adultos tenían acerca de lo que es un niño. La visión social del pequeño adulto entrañaba que ser grande era el modelo ideal al que se debía tender; en consecuencia, un niño no era más que un proyecto inacabado de aquel que llegaría a ser algún día. La expectativa de los adultos era que lograra imitar lo antes posible su propio modelo.
Es en el siglo pasado cuando aparecen diferentes corrientes teóricas que modifican la visión adulto-céntrica del niño. Comienza a ser mirado en su rol activo de procesamiento de los estímulos que le vienen de afuera. El niño deja de ocupar en la mirada del adulto un lugar de pasividad. El juego infantil adquiere también otro rango aunque desde el sentido común se lo siga comprendiendo como una actividad placentera pero improductiva. Nada más lejos de tal apreciación. El niño encuentra en el juego el modo más propio de expresar lo que piensa y siente en el encuentro con el mundo. Es, a su vez, una experiencia que le permite comprender, elaborar situaciones vividas con el mínimo esfuerzo, sin consecuencias en la realidad y con toda la eficacia transformadora en su mundo emocional y cognitivo.
Es posiblemente en función de esta idea, o quizás de la observación más simple, que se adjudique a los niños el juego como algo innato. Suele decirse... "los niños juegan porque son niños... porque sí". Se estrecha entre la infancia y el juego una relación natural. Sin embargo, no todos los niños juegan. No todos alcanzan esta experiencia. Los profesionales de la salud lo saben muy bien y por ello los pediatras, los psicopedagogos, los psicólogos, etc., incluyen en la consulta la pregunta por el juego. Es sin duda un indicador de salud. Si un niño no juega debemos preguntarnos seriamente qué sucede porque estaremos sobre seguro frente a alguna dificultad que puede conllevar serias consecuencias en la vida de ese niño si no se hace algo a tiempo.
A la conquista de uno mismo
El juego es una conquista en el duro camino de la independencia. No es algo natural que el niño hace por ser niño. Ha implicado para él un trabajo enorme de separación subjetiva, psicológica y de integración en el mundo social. La tarea más importante de todo ser humano consiste en poder encontrar un lugar en el mundo.
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