S.O.S ¿Tu hijo está entrando en la pubertad y estás llena de dudas? Compartí con otras mamás de adolescentes lo que te preocupa: uso del celular y electrónicos, salidas con amigos, cómo hablar del desarrollo de su cuerpo, límites, etc.
Alfajores "voladores" para endulzar las tardes
por Lic. Gabriela Lima
Una de las claves para que los temores y la ansiedad sean más leves ante los cambios tan abruptos de la pubertad, es acompañar a las hijas, hablar con ellas anticipándose a estos cambios y a la llegada de la menstruación, haciendo de esta manera que estén mejor preparadas cuando ocurran.
Si bien no hay una edad determinada para charlar sobre estos cambios con una hija, a modo de consejo se recomienda hacerlo entre los 8 y 9 años, antes de que aparezca la primera menstruación.
Es importante que antes y durante los primeros meses de la menstruación las mamás acompañen más de cerca a sus hijas, vayan con ellas a la farmacia, les expliquen qué son las toallitas femeninas, las ayuden a elegir la que les resulte más cómoda y les comenten la importancia de tener una siempre a mano en la cartera o en la mochila.
También es fundamental hablarles sobre el sangrado, explicarles por qué se produce, cada cuánto se produce y cuánto dura. Explicarles que esto es normal y que les sucede a todas las mujeres a determinada edad.
El inicio de la pubertad en las niñas se produce aproximadamente entre los 10 y 12 años y está marcado por cambios físicos y psíquicos. Estos cambios hormonales van haciendo que las niñas púberes empiecen a adquirir las características sexuales de una mujer adulta, y uno de los aspectos de esta etapa que más suele impactar a las niñas y a sus familias es la llegada de la primera menstruación.
A diferencia de la niñez, durante la pubertad el cuerpo sufre transformaciones abruptas y esto posibilita que uno de los temores en las chicas esté relacionado con la llegada de la menstruación.
El hecho de que no todas las niñas se desarrollan al mismo tiempo puede generar ansiedad a partir de las comparaciones con pares, miedos en relación a cuándo se producirán los cambios o ganas de que se produzcan al verlos en otras chicas.
Las niñas púberes además sufren una pérdida de familiaridad en relación a su propio cuerpo, lo sienten ajeno a ellas, lo cual implica que su psiquismo tenga que iniciar un trabajo de duelo por el cuerpo que se pierde y un trabajo para asimilar un cuerpo nuevo, diferente.
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