Cuando los padres se proponen ofrecerles material de lectura a sus hijos, muchas veces dudan acerca de cómo elegir acertadamente los libros para que les resulten atractivos e interesantes. Por eso, la Fundación Leer sugiere tener en cuenta algunas cuestiones generales a la hora de pasar por la librería:
La calidad literaria
Para reconocer un libro de calidad hay que preguntarse, en primer lugar, si resulta divertido, emocionante, atrapante, interesante o conmovedor para el adulto que lo hojea en la librería. Si es así, seguramente le gustará también al pequeño.
En el caso de los textos narrativos, hay que evaluar si cuentan una buena historia, si generan suspenso y si provocan ganas de seguir leyendo. Si es una poesía o una canción, debe tener musicalidad.
El hecho de que combine de manera sorprendente o especial las palabras de uso cotidiano, que conmueva al lector y provoque risa, tristeza, nostalgia, miedo o ganas de vivir algo igual, por ejemplo, son indicios de que se está frente a un libro que vale la pena. Si se encuentran referencias a la propia realidad, auque la historia suceda en un mundo lejano o de fantasía y si los personajes revelan alguna faceta del ser humano y permiten reflexionar sobre ella, mucho mejor.
Las imágenes
Durante los primeros años de vida, los libros son para los chicos una clase especial de juguetes y, por eso, deben ser visualmente atractivos.
Las imágenes deben ser realistas y deben permitir reconocer con claridad los objetos, sobre todo en los libros pensados para los más pequeños. En los casos de los niños más grandecitos, se les pueden ofrecer ilustraciones más complejas y abstractas.
Pero que sean realistas no significa que las imágenes sean una mera copia de la realidad. Como buenas obras de arte, deben ser sugerentes y facilitar un despliegue de miradas. Las ilustraciones estereotipadas no aportan al texto, por eso hay que elegir los libros cuyas imágenes ofrecen una visión del artista que las creó.
Además, es bueno que las ilustraciones sean sorprendentes, porque los niños de hoy en día viven en un mundo de imágenes cuyo centro es la televisión.
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