Es esta realidad no caben las postergaciones ni las promesas, (que son una especie de sentimientos posdatados y muchas veces incumplidos). Hoy soy libre de ser quien soy, de expresar mis sentimientos con claridad, de decir que sí, de decir que no, de evocar la imagen de mi hijo y sentir en mi cuerpo la tibieza del vínculo y el amor recíproco, de elegir mi camino y tomar determinaciones sin que estas incluyan necesariamente las expectativas de la sociedad.
Martín se fue y al partir me ha abierto una pesada puerta de apegos y prejuicios, enseñándome a vivir intensamente mi presente, con plenitud, con libertad, con él lo vivió, con actitud dadora, cordial, espontánea, sensible, dejando de lado mezquindades y temores, eligiendo vivir a dudar. Hoy el futuro no es más mi verdugo, es en todo caso una dulce promesa de reencuentro. Hoy ésta es mi verdad y el recuerdo de mi hijo y de su hombría de bien me asisten permanentemente. Hoy este es el camino que me acerca a él. Sin pausas, sin urgencias...día a día.
Carlos J. Bianchi