Dejar el chupete y la mamadera, ya camina tu bebé?, poniendo límites, cuando empezar el jardín de infantes?, llega un hermanito,…
"La cama de papá y mamá no se comparte"
por Alejandra Libenson
En las historietas de Mafalda, su autor, el genial Quino, dibujaba al padre de la famosa niña poniendo una planta tan grande sobre el televisor que no dejaba ver la pantalla, después de haber cedido a las presiones para comprar la tele. ¿Cómo encontrar el justo punto medio con nuestros hijos, sin caer en extremos como el de la tira?
Los chicos, que de golpe pasan de una actividad pautadísima en época de clases al absoluto tiempo libre en vacaciones, suelen sentir un gran vacío, una angustia por no saber qué hacer y tienden a llenarlo con la televisión y la computadora. Y ese mismo vacío es el que, en ocasiones, hace que adultos de agenda completa se sientan desorientados en vacaciones y no sepan cómo enfrentarse al tiempo de ocio.
Según la Sociedad Argentina de Pediatría, los niños hasta los dos años no deben mirar televisión, pero prohibir la pantalla a partir de esta edad parece poco posible. Lo que sí podemos hacer es poner pautas para ayudarlos a enfrentar el tiempo libre y a ir generando herramientas para poder disfrutarlo: a los chicos no les viene mal aburrirse un poco y, de hecho, después de los 12 años es difícil convencerlos de que se incluyan en alguna actividad tipo colonia, pero es un mito que tienen que estar entretenidos siempre.
Lo que es importante es que el adulto, que le permitió usar la computadora y ver la televisión por la mañana pero señaló que durante la tarde había que hacer otra cosa que no incluyera pantallas, pueda soportar ese punto de aburrimiento del niño y no ceda creyendo que no queda otra opción más que dar “play”.
Y es fundamental trabajar en este tipo de límites desde que los chicos empiezan a ver la tele y usar la computadora, porque de nada vale querer que un nene de 10 años haga otra cosa si nunca tuvo necesidad de hacerlo: desde pequeño hay que acostumbrar al chico a que la exposición a la pantalla tiene un límite, para que el aburrimiento dé paso a la creatividad y para que la soledad de la pantalla sea reemplazada por el intercambio emocional con un adulto significativo. Cuando alguien con quien el chico tiene una relación de afecto se sienta en el piso y se pone disponible para él, la pantalla deja de ser tan atractiva.
Aunque hayamos trabajado en esto desde que los hijos eran pequeños, como adultos debemos saber que los chicos, a partir de los 10 años, usan el “aburrimiento” como elemento de presión hacia los padres: literalmente, se lo tiran en la cabeza para ver qué hacen los adultos con eso. Hay que sostener el límite y soportar al chico angustiado por no saber qué hacer, con la tranquilidad de que esta angustia no lo va a traumar, sino que es un vacío necesario para que surjan ideas y posibilidades que, si están tapadas por horas y horas de pantalla, nunca verían la luz.
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