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"La cama de papá y mamá no se comparte"
por Alejandra Libenson
Cuando se acerca la finalización del año, dos temas ocupan el centro de las conversaciones familiares: las fiestas de fin de año y las vacaciones. Ambos son eventos que giran en torno a la familia y dan paso a expectativas y debates entre sus miembros acerca de cómo cada uno cree que deben programarse. Se preparan regalos y no faltan las tarjetas con buenos augurios para los seres queridos.
La despedida del año que se va y la llegada del que comienza hacen de esta época un tiempo de balance y a veces, son fuente de stress para algunas personas. Pero son los chicos cuyos padres se han separado en quienes con más frecuencia aparecen los sentimientos de pérdida, de tristeza y lealtades divididas. Aunque los niños no expresen abiertamente sus sentimientos, los adultos no deberían ignorar que estas fiestas les traen reminiscencias a los chicos de aquellas anteriores a la separación cuando papá y mamá celebraban juntos.
En ocasiones uno o ambos padres se han vuelto a casar y los chicos han pasado a ser miembros de un familia ensamblada.
Entonces, las fiestas se complican un poquito. A los arreglos habituales habrá que sumar acuerdos acerca de dónde celebrarán los hijos: ¿en la casa de la mamá?, ¿en la casa del papá?, ¿junto al papá en la casa de los abuelos paternos?, ¿junto a la mamá en la casa del uno de los tíos maternos?, ¿con el papá, su nueva esposa y los hijos y los padres de ella? O a la inversa, ¿con la mamá, su nuevo marido y ...... Son muchas las posibilidades y habrá que tomar una decisión, ¡pero, siempre con mucha anticipación!, para no agregar stress al ya habitual. Son tiempos de paz y todas las "guerras" requieren siempre una tregua. Para ello, hay que 3 reglas de oro: 1° Planificar, 2° Planificar y 3° Planificar.
Las "familias ensambladas exitosas", planifican cuidadosamente hasta los menores detalles para evitar sorpresas desagradables. La distribución de tareas, responsabilidades y contribuciones de cada miembro deben incluir al otro progenitor en lo que se refiere a con quién y dónde pasaran los chicos las fiestas. La espontaneidad puede crear serios inconvenientes, cuando el tiempo, el dinero y los compromisos, se comparten con el otro hogar de los hijos.
Para planificar con éxito, hay que tomar en cuenta las expectativas de todos, grandes y chicos, sin que esto signifique hacer lo que todos quieren porque sería un caos, sino que cada uno tendrá que ceder un poquito en lo que a sus gustos y viejas costumbres se refiere y adoptar algo nuevo, lo cual no deja de ser divertido
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