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Snacks saludables para el recreo
por Lic. Gabriela Lima
Los libros nos abren la puerta a mundos creados por otros y la lectura se transforma en una aventura, en un descubrimiento. A pesar de esto, solemos escuchar decir que "Los chicos no leen". ¿Es así? ¿Cómo ayudarlos a descubrir la maravillosa experiencia de leer y estimularlos en su encuentro con los libros?
Para todos los que amamos la lectura, leer es una actividad insoslayable y casi imprescindible: vivir sin libros es prácticamente inimaginable. Muchos descubren los libros tardíamente, pero posiblemente la mayoría de los buenos lectores se forma desde temprana edad. Hoy nos encontramos con una idea que circula y se expresa como una certeza: "Los chicos no leen, o leen menos". Para averiguar si es así, y saber qué podemos hacer como adultos para estimular su acercamiento a la lectura, entrevistamos a diferentes especialistas en el tema (ver Quién es Quién), que nos dieron su visión:
"Es una afirmación temeraria, sostiene Canela. Creo que los adultos dicen esto porque leen menos y piensan que los chicos leen menos. Yo creo que los chicos leen de otra manera, leen otras cosas. El mundo está mucho más escrito que antes; hay continuos mensajes, no sólo de palabras, también de códigos, de imágenes. En la televisión y en la computadora hay continuamente palabras para leer; hay un entrenamiento de la lectura y de la comprensión de lo que se lee mucho más alto de lo que la gente cree. De lo que la gente se lamenta es de que no lean libros. Porque creen que el libro guarda todavía "el secreto de la felicidad" o del éxito. Y lo que el libro guarda, en realidad, es un mundo, que si vos no lo abrís te perdés. Y es un mundo en el cual hay un enorme trabajo personal. La persona se pone toda en movimiento para poder entender y disfrutar, o padecer lo que lee. Yo no creo que los chicos rechacen el libro si hay un encuentro con los libros adecuado. Por la edad, primero a través del encanto de las imágenes, los libros que son libro-juego. Es un vicio el de leer; una vez que te acostumbrás a hojear las páginas, y a ver que el libro engorda de un lado y se angosta en otro, y te permite meterte en otro mundo... ese vicio se te prende como cualquier otro. Llamémosle hábito si no queremos llamarle vicio" >Roberto Sotelo coincide en que los chicos leen, ya que, especialmente en los medios urbanos, están rodeados de opciones de lectura, tales como los carteles en la vía pública, las consignas en la escuela, los subtítulos de las películas, entre otros. Pero asegura que lamentablemente no leen todos los libros que podrían leer. Y se pregunta: "Como adultos, ¿qué posibilidades les brindamos para que lean libros, para que se formen como lectores? ¿Qué intrumentamos, como sociedad, para que los chicos tengan un contacto y acceso directo a la lectura y a los libros, y que esto signifique para ellos una actividad natural, placentera, enriquecedora y desarrollada en un marco de libertad? No hay bibliotecas infantiles; las bibliotecas públicas no tienen salas infantiles adecuadas y preparadas para afrontar este desafío; en la escuela la lectura está encarada como un objetivo didáctico o de aprendizaje; los libreros desconocen la oferta actual de libros para niños; en los medios de comunicación y de información la literatura infantil no tiene espacio y los padres no les compran libros a sus hijos y tampoco les leen o cuentan historias. En síntesis -y estoy hablando de la generalidad, porque existen excepciones- la sociedad no presenta al adulto (padre, maestro, artista, deportista, etc.) como un modelo lector para los niños. Mientras esto no suceda, son pocas las posibilidades que tendremos para lograr que un chico lea, o que considere a la lectura como una actividad que le brindará tanto placer como realizar un deporte o ver una película."
Los padres siempre son modelo. Modelo por sus conductas, por sus hábitos, hasta por sus gustos y preferencias. Por ese motivo, también son modelo en cuanto a la inclinación por la lectura, o no.
Como dice Canela "Si los papás no leen, por qué va a leer el chico?" Sotelo se explaya: "Si el chico ve que sus padres leen, que sus maestros leen; que los adultos leen y lo pasan bien mientras lo hacen, ¿por qué no va a seguir ese ejemplo? La actitud del adulto es hipócrita en ese sentido. Tanto en el hogar como en la escuela se predica la importancia de la lectura, pero en la práctica eso se podría traducir como: "Vos, que sos chico, tenés que leer. Es importante que leas. Yo, que soy adulto, no tengo tiempo para hacerlo pues debo realizar cosas mucho más importantes."
Susana Notti aporta otro ángulo para el análisis: "Daniel Pennac, un investigador francés sobre lectura, autor de "Como una novela", libro que recomiendo, nos abre los ojos sobre algunos errores que a veces se cometen en forma involuntaria. Como por ejemplo, pensar que cuando los chicos están cerrando su proceso de lectura y escritura, es momento de "corrernos". Les leímos mientras no supieron leer, y ahora que ya aprendieron, es tiempo de que lean por su cuenta. Pennac dice entonces que los dejamos un poco solos, ofreciéndoles libros muy simples porque recién están empezando a leer, y con esto se corta esta gradualidad creciente e interesante respecto de las temáticas que veníamos disfrutando con ellos. De pronto, pasan a leer pequeñas y sencillas historias. Si los adultos siguiéramos contándoles cuentos, no se perderían de seguir escuchando historias más complejas, que no están preparados del todo para leer por su cuenta."
¿Qué rol tiene la escuela en relación a la lectura? ¿Colabora estimulando a los chicos a acercarse a los libros y descubrirlos? Los especialistas opinan:
"Hay docentes muy inquietos en este sentido, y hay muchos seminarios, jornadas para capacitarse. Pero no todos son así. Desde la escuela, hay que tratar de que el libro lo lean porque sí, pero que no lo "desbrocen" una vez leído, subrayando idea principal, buscando sustantivos... esto los encorseta a los chicos, al darse cuenta de que leen para devolverlo, para dar cuenta de eso y ser evaluados. Si se quiere trabajar comprensión de texto, que los docentes tomen algún material de divulgación, pero no el libro que se elige para despertarles el placer por la lectura", responde Notti.
"La escuela hace mucho y en forma creciente desde hace mucho tiempo", asegura Canela. "Creo que en ese sentido la educación ha dado un viraje y ha incluido el libro en las actividades escolares. El peligro está en escolarizar el libro, en querer aprovecharlo. Yo, cuando voy a una escuela y me dicen "Hemos trabajado mucho su libro", pregunto: "Qué quieren decir?" Y me responden, por ejemplo, "Hemos cumplido muchas actividades porque el libro sugiere que investiguemos a los inmigrantes...". Quizá el texto en sí, que es lo que manda, queda en un segundo plano. Yo dejaría mayor libertad, no les haría dibujar los personajes, no les haría representar escenas del libro. Haría que se leyeran más libros."
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