Aunque habitualmente uno no toma conciencia de los hábitos alimenticios, es interesante ponerles un poco de atención para ver si se está yendo por un buen camino… y si se generan en la familia hábitos que apunten a la salud.
¿La alimentación es variada y balanceada o hay exceso de grasas, dulces o, incluso, carne? ¿Se incluyen las cinco porciones recomendadas de frutas y verduras al día? No es más que comer tres frutas a lo largo del día y una porción de verduras crudas o cocidas en cada comida. Otro detalle a tener en cuenta es la importancia de que por lo menos una de las porciones de vegetales del día sea cruda: una ensalada, por ejemplo.
¿Se come demasiada cantidad? No repetir el plato y servir la comida en platos de postre son algunos hábitos que no están destinados solo a quienes necesitan bajar de peso, pueden ser una norma para todos, ya que ser moderados en la comida es mucho más saludable que excederse. Algunos trucos,
como comprar en la calle un alfajor en lugar de un paquete de galletitas que muchas veces uno termina comiéndolo entero, ayuda a controlar las porciones.
Otras ideas que van en este sentido: elegir restaurantes de comida a la carta en lugar de “tenedores libres”, cocinar lo justo, no llevar la fuente a la mesa y nunca instar a los chicos a “terminar el plato”. Tienen que aprender desde chicos a registrar y respetar la sensación de saciedad: si quieren dejar un raviol, perfecto.
Parados, a las corridas, o simplemente por estar solos y para no tener que poner la mesa se suele “picar algo”. Hay que sentarse y darse el tiempo y el espacio para comer; porque al comer parado uno no digiere bien y además, pareciera como “que no comió” y probablemente tenga ganas de volver a comer enseguida.
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