Pijama Party: cómo lograr que la diversión no se transforme en caos

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Fecha de última actualización:28/01/2014
Pijama party
Invitar amigos a dormir es uno de los planes preferidos de las nenas y adolescentes y puede ser una forma sencilla y económica de festejar un cumpleaños. Ahora, ¿qué pasa con los límites?

Un pijama party es, básicamente, una reunión de amigas que se encuentran a la noche para compartir charlas, música, juegos, películas y tal vez hasta una sesión de belleza. Cargadas de bolsas de dormir, cepillos de dientes y pijamas –o camisones- las chicas se adueñan de la casa para pasar un rato divertido.


¿Cuál es el lugar de los padres entre tantas almohadas y pantuflas?


En primer lugar, los padres son los que dan el permiso para organizar la reunión y, como adultos y dueños de casa, tienen derecho a poner ciertas reglas. Estas normas variarán según el estilo de cada familia y pueden ir desde la libertad total hasta el hecho de no permitir ese tipo de festejo porque no se considera adecuado para la edad, porque no están dispuestos a poner la casa o porque están agotados por el trabajo de la semana y no se sienten capaces de cuidar y acompañar una reunión que dure hasta altas horas de la madrugada o, incluso, toda la noche. Si los padres no están de acuerdo con un pijama party, a la opción de invitar 10 chicas a “no dormir” se puede contraofertar: invitar a dos amigas y se apaga a luz a las 12, por ejemplo.

Otras normas intermedias que se pueden plantear:

  • Un número determinado de invitadas
  • El lugar donde comerán la cena: por ejemplo, no en la cama, sino en el comedor
  • El horario para apagar la luz, aclarando que la idea no es pasar la noche entera en vela.
  • El tipo de actividades a realizar
  • Si se permitirá o no la típica “guerra de almohadas”
  • El horario para levantarse, desayunar y para que pasen a buscar a las invitadas
  • Etc.


En el caso de que la joven anfitriona no esté de acuerdo con alguna de las reglas -por ejemplo, con la imposición de apagar la luz a una hora predeterminada-, lo mejor es explicarle que el permiso para hacer la reunión está, pero con las reglas de la casa, y que si no le convencen es mejor para todos pensar en un festejo alternativo.

Ningún chico “se trauma” por tener que aceptar reglas o por no hacer pijamas parties aunque los demás los hagan. Es más, forma parte de la educación que les brindan los padres el enseñarles a respetar límites.

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