El pasaje de la niñez a la adolescencia se anticipa con el correr de los años. Desde los ocho años –y sobre todo las nenas- comienzan a desarrollar actitudes típicamente adolescentes que se combinan con las de la niñez que todavía no dejaron.
Con la llegada de un nuevo hijo a la familia, la mayor dificultad para el niño, es aceptar que ocupará el lugar de hermano mayor y que dejará de ser y estar en el centro de la escena familiar.
Si bien cada familia y cada hijo es único e irrepetible, detrás de un limite está siempre la necesidad de nuestros hijos de ser contenidos y la nuestra de contenerlos.