Pasar al contenido principal

¡Comer puede ser divertido!

Muchas de las dificultades en la alimentación de los chicos pueden desaparecer cuando la comida se convierte en una actividad placentera.

Toda una nueva experiencia


Muchas de las dificultades en la alimentación de los chicos pueden desaparecer cuando la comida se convierte en una actividad placentera.

En general cuando los chicos cumplen un año, comienzan a integrar más activamente la mesa familiar, sentaditos frente a su plato con su cuchara y vaso. Esto les resulta muy bueno y les permite sentir sabores, probar, oler, tocar. Y esta actividad es mucho más que el hecho en sí de alimentarse.

Es todo un trabajo. A través del jugar, del investigar, van aprendiendo a conocer diferentes texturas, sabores, colores, olores y van eligiendo qué comer y qué no comer, o sea registrando sus propios gustos y preferencias.

Si ellos perciben que este juego y este momento de comer juntos es vivido por su entorno como algo "molesto", y poco relajado, quizás "no quieran comer" y pierdan cierto interés por la comida. Hasta incluso se "pueden llegar a portar mal", como una manera especial y clara de decir, aunque sin palabras, que algo de lo que sucede a su alrededor no le está gustando.

Desde que el bebé nace la mayor parte de nuestra energía esta puesta en que "coma bien", ya sea la teta o la mamadera o las primeras papillas. Toda la familia gira alrededor de este tema en especial.

Con el tiempo por una serie de situaciones familiares, laborales, y por el hecho mismo de que el bebé crece, esta primera "dedicación a la comida de nuestro bebé", quizás va decayendo y convirtiéndose, por las características propias de la edad, en algo "más difícil". Lograr que coma.

El niño o la niña perciben esta insistencia y como decía antes modifican su actitud.

Nos angustia que ellos no coman, como quisiéramos los grandes, y esto se transmite a ellos en situaciones de tensión, presión y exigencia.

Frente a ello, reaccionan asustándose a veces, al vernos a los papás inquietos, y dejan de comer o comen "sin ganas", mecánicamente.

Conclusión: Cuanto más preocupados y pendientes estamos de que nuestro hijo coma... menos y peor come.

Y se da un círculo vicioso del cual es difícil salir.

Recomendaciones para tener en cuenta

  • Comer es un acto natural, y ningún niño o niña debe vivirlo como una exigencia.
  • Es bueno ser flexibles y estar atentos a las necesidades y los tiempos de nuestro hijo en particular
  • Que el momento de comer sea un tiempo relajado y tranquilo para que lo puedan vivir con placer y alegría.
  • Pensemos que no sólo es importante cuánto, y qué comió sino cómo lo hizo, y bajo qué circunstancias.
  • No retarlos porque no comen.
  • Vivir la comida, como una "excusa" para reunirnos y estar juntos, y compartir ese momento con nuestros hijos, por mas cortito que sea.
  • Evitar hablar de temas conflictivos durante el momento de comer para que esto no se asocie a que cuando se come, se discute, se pelea se grita, etc.
  • Tratemos de que no esté prendida la tele para que no se distraigan. Evitar usar el celular así como otras pantallas en este momento también es importante para fomentar el encuentro y el diálogo.
  • Preguntémosle si le gusta lo que le preparamos, dialoguemos con él.
  • Y no nos preocupemos y enojemos tanto, que ellos lo perciben... y actúan en consecuencia.

Para que la comida y el comer sean algo para disfrutar, ofrezcámosle a nuestros hijos la posibilidad de aproximarse a ella como ellos saben y necesitan, con tiempo, acompañándolos y disfrutando juntos.
 

Bebés Nutrición del bebé