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Adolescencia: salidas sin alcohol y sin excesos

A falta de un manual o receta magistral que enseñe cómo actuar, los padres van aprendiendo y descubriendo sobre la marcha distintas maneras de educar y formar a sus hijos. La adolescencia es la etapa por excelencia en la que todo lo enseñado es puesto a prueba.

Si de salidas y fiestas se trata, la preocupación está a flor de piel y teniendo en cuenta que actualmente adolescencia y excesos parecen ir de la mano,  no está de más estar atento y aconsejar a los hijos lo mejor posible, sin prohibirles que disfruten y compartan experiencias con su grupo de pares. 

Es importante cultivar en los hijos, desde su nacimiento, los valores y enseñanzas que se verán reflejados en todas las etapas de su vida. Hay algunos conceptos clave para tener en cuenta y a los que vale la pena apelar cuando se trate de salidas, alcohol y diversión:
 
Alternativas

Teniendo en cuenta que en esta época se presenta al alcohol y los excesos como primeras y únicas alternativas para divertirse, es responsabilidad de los padres demostrar lo contrario. Hay que mostrarles a los chicos que hay muchísimas maneras de divertirse con los amigos sin que surja la necesidad de tomar alcohol, dejando en claro que esta postura no es arbitraria y que hay razones por las que se les impide hacerlo, siendo una de ellas su salud ya que el alcohol es perjudicial para su organismo.

Es importante que sepan que hay opciones como organizar algún partido de fútbol o torneo los fines de semana, salir a andar en bicicleta, cenar con sus amigos y que pueden disfrutar de las fiestas y de las salidas sin alcohol, porque la diversión no radica en perder el control sino todo lo contrario. 

Los Excesos no significan Diversión

Hoy en día el mandato social que dice que hay que tomar alcohol o recurrir a los excesos para divertirse es tan fuerte como equivocado. La mayoría de los adolescentes dicen recurrir alcohol para desinhibirse, para identificarse con su grupo de pares haciendo lo mismo, para no quedar mal ante ellos, para divertirse, etc. Sin embargo, cuando toman alcohol muchos de ellos suelen pasarla mal, no llegan a disfrutar de la fiesta o salidas y terminan haciendo cosas que no los gratifican, empujados por una presión social.

Es bueno tener en claro que los excesos pueden existir desde la infancia y que se pueden evitar desde que los hijos nacen ofreciéndoles alternativas. Si los educamos desde los excesos dejando que tengan todo lo que quieren, es difícil pretender que en la adolescencia cambien esta actitud.

Diálogo

Si en lugar de decir que NO y caer en la prohibición sin justificación alguna, los padres profundizan en el diálogo con sus hijos y hablan acerca de los verdaderos efectos que tiene el alcohol sobre ellos, les explican que pueden divertirse de verdad sin tomar y que estas recomendaciones parten de la base de que se quiere lo mejor para ellos, es más factible que los chicos entiendan  

Esta conversación entre padres e hijos puede llevarse a cabo partiendo de aspectos positivos basados en que la diversión es buena, en que es bueno que los chicos se junten con sus amigos y compartan tiempo con ellos y en que no es necesario prohibirles que salgan para cuidarlos mejor.

Confianza

La confianza se construye desde el primer instante de vida y es la base de la relación entre padres e hijos. Que los chicos sientan la libertad para hablar con sus padres, preguntarles todo lo que sea necesario, plantearles sus dilemas y sentirse escuchados es un punto clave para alimentar su seguridad. Y a su vez que los padres no sientan miedo de hablar con sus hijos adolescentes y de ponerles límites cuando lo crean necesario, es también beneficioso para la familia.

Presencia y Mirada

Darles espacio a los chicos, que tengan cierta independencia para adquirir seguridad y responsabilidad no significa soltarles la mano, sino todo lo contrario. Acompañarlos en sus distintas etapas de vida, estar atentos a lo que les pasa sin convertirse en un “policía” , ponerles límites, y mostrarles que lo mejor es apostar al diálogo, es estar presente. 

La mirada atenta es fundamental, y para eso es necesario conocerlos, hablar mucho con ellos, saber cómo están, qué les pasa, qué les preocupa y qué piensan cuando por ejemplo se habla de la diversión relacionada con el alcohol y los excesos. De esta manera se los podrá aconsejar en base a la visión y al concepto que tienen con respecto al tema.

También es importante mantener un contacto fluido con los otros padres, tendiendo redes para que sea posible crear un contexto favorable en el que los chicos se sientan contenidos.

Asesoró: María Pía del Castillo, Psicopedagoga y Coordinadora de Programas de la Fundación Proyecto Padres.

Adolescentes Psicologia, educación y familia