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Cómo orientar a los chicos con sus primeros ahorros: ¡Llegó el Ratón Pérez!

Con la caída de los primeros dientes de leche, en muchas familias llega el momento de contar la historia del Ratón Pérez. Y no podremos evitar que junto con este famoso roedor llegue a casa el tema del dinero.

Con la caída de los primeros dientes de leche, en muchas familias llega el momento de contar la historia del Ratón Pérez.

Ya sea que les hagamos creer a los chicos que realmente existe o que les contemos  que es un juego en el que los papás hacen de ratones, no podemos evitar que junto con este famoso roedor llegue a casa el tema del dinero.

Puede ser que nuestros hijos ya tengan una alcancía o que alguna vez hayan recibido de un abuelo algunas monedas o un billete, si la jubilación lo permite, pero la pérdida de los dientes de leche inicia una época de “ingresos” más o menos continuados: a cada diente que se cae, le corresponde un regalo del Ratón Pérez.

El valor de este regalo es muy variable y depende, por supuesto, de las posibilidades de cada familia así como de lo que cada pareja de padres considera adecuado. Un monto que se fijará de común acuerdo (esto es importante sobre todo en el caso de los papás separados: no es conveniente que el ratón de papá sea más generoso que el de mamá o viceversa) y que debe tener cierta coherencia: cuando se les regala dinero a los chicos, así como cuando se les compran juguetes, tenemos que pensar que lo que compremos no sólo debe depender de “cuánto podemos gastar”, sino también de qué valores deseamos transmitirles a nuestros hijos: es importante que le den valor al esfuerzo que se requiere para ganar el dinero y que vayan entendiendo de a poco que, para sacar dinero del cajero automático, primero hay que depositarlo.


No está mal hablar de esto con los chicos o hacer comparaciones con respecto a, por ejemplo, que esa golosina sale lo mismo que la cajita de marcadores. Claro que no debemos preocuparlos con temas de dinero y cuentas a pagar, pero tampoco hay que “evitarles” el contacto con una realidad de la que ellos mismos forman parte.

Ahora, una vez acordada la suma adecuada, nuestros hijos van quedando desdentados y empiezan a acumular dinero: ¿Cómo los ayudamos a manejar esto?

Con el primer diente, suele ocurrir que la ansiedad sea mucha y que quieran ir con esa plata a una juguetería de inmediato: conviene llevarlos armándose de paciencia y mostrarles que hay cosas que les gustan para las que “no les alcanza”. Si igualmente se deciden por algo, podemos permitirles comprarlo pero también podemos proponerles que, para poder comprar eso que les gustó tanto, la próxima vez que se les caiga un diente guarden el dinero para ir “ahorrando” hasta llegar a la suma que necesitan.

Un muy pequeño aporte de los padres puede ser necesario para “redondear” la cantidad que hace falta, pero no es recomendable que papá y mamá (ni otros) pongan la mitad: si les falta tanto, habrá que esperar otro diente.

Y ya que estamos con la caída de los dientes, recordemos que el único tema no es el tal Pérez, sino que también es un momento apropiado para conversar con nuestros hijos acerca de su crecimiento (del cual el cambio de dentadura es una muestra), de las cosas que ahora pueden hacer y que de chiquitos no podían, de lo felices que nos pone verlos crecer y, por qué no, de la importancia de los dientes definitivos: que son para toda la vida y que hay que cuidarlos con el cepillado y la alimentación.

En fin, lo importante es que les demos a nuestros hijos la oportunidad de que el Ratón Pérez les enseñe muchas cosas.

Niños Psicología del niño y la familia