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Cerca del 70% de los bebés menores de 2 años pueden tener bronquiolitis

Durante los meses más fríos, los padres deben estar especialmente atentos a los síntomas de bronquiolitis en los bebés para tratarla a tiempo.

Los grupos de riesgo son los prematuros de bajo peso, con afecciones pulmonares y los niños con cardiopatías congénitas. Estos grupos tienen entre 4 y 5 veces más de probabilidades de necesitar hospitalización por esta afección respiratoria.


Por ello, la Red de Familias Prematuras - Asociación Civil que brinda apoyo, contención y asesoramiento a familias que estén atravesando la experiencia de recibir un recién nacido prematuro - lanza #AlertaBronquiolitis, una campaña de prevención de la bronquiolitis que tiene como objetivo de concientizar sobre esta problemática que, si no es tratada a tiempo, puede generar una evolución grave y complicaciones.

Es importante tener en cuenta algunos datos para estar alerta sobre la enfermedad. Te acercamos a continuación algunos de ellos: 


¿Cuándo comienza a circular el virus de la bronquiolitis?

En abril y hasta el mes de agosto se produce la temporada de mayor circulación del Virus Sincial Respiratorio, el principal causante de la bronquiolitis, una afección respiratoria que afecta las vías aéreas inferiores o ‘bronquiolos’ que aqueja especialmente a los más pequeños. De fácil contagio y trasmisión de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales, la bronquiolitis representa un riesgo para la salud pública por el gran número de hospitalizaciones en los bebés de alto riesgo. 

¿Cuáles son los síntomas principales?
Además de las consideraciones generales preventivas, es necesario prestar atención a los principales síntomas y tener en cuenta que cuánto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas.

  • Mucosidad nasal.

  • Tos, catarro.

  • Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos.

  • Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias).

  • El niño se agita fácilmente.

  • Hundimiento de las costillas al respirar.

  • Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño.

  • Piel azulada o muy pálida.

  • Fiebre con temperatura mayor a 38°C.

Ante la aparición de los primeros síntomas, como dificultad respiratoria, agitación, dificultad para comer o dormir, es fundamental consultar con el médico. 

¿Cómo puede prevenirse?
Como no existe una vacuna que evite el contagio, y para prevenir cuanto sea posible la transmisión del virus, los especialistas recomiendan llevar adelante una serie de hábitos que permitirán cuidar al bebé. Entre los mismos se destacan:

  • Cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

  • Concurrir a los controles rutinarios con el médico.

  • Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros) y evitar el hacinamiento.

  • Impulsar y mantener la lactancia materna.

  • Cuidar la higiene; mantener las manos limpias de quienes están en contacto con el menor.

¿Qué es la inmunización pasiva?
En el caso de los niños que forman parte del grupo más vulnerable es importante cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva que actúa como un “escudo” para la protección de esta población. En tal sentido, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda iniciar la profilaxis teniendo en cuenta las semanas de circulación viral, con una aplicación mensual del anticuerpo monoclonal de hasta un máximo de 5 dosis.


La inmunización pasiva está incluida en la “Estrategia Integral de Prevención de Infecciones Respiratorias en prematuros de alto riesgo” del Ministerio de Salud de la Nación y también está recomendada en niños con cardiopatías congénitas con inestabilidad hemodinámica significativa, según el consenso de diversas sociedades científicas. La inmunidad persiste por un período acotado de tiempo, por lo que es fundamental la aplicación mensual de las dosis para mantener los niveles adecuados de anticuerpos durante la época de mayor circulación viral.


La inmunización pasiva debe acompañarse además de todas las demás medidas de prevención:

  • Impulsar y mantener la lactancia materna.

  • Lavarse las manos. 

  • Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros).

  • Evitar el hacinamiento.

  • Concurrir a los controles rutinarios con el médico.

  • Cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

  • Sólo para los más vulnerables: cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva.

Te invitamos a sumarte a la campaña de la Red de Familias Prematuras compartiendo la web www.alertabronquiolitis.com y utilizando el hashtag #AlertaBronquiolitis.

Para más información visita: www.alertabronquiolitis.com

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