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¿Cómo superar el miedo al amor?

Algunas personas le tienen miedo al amor. ¿Por qué sucede esto?

“Ojalá te enamores”, dice una maldición árabe... Es que el amor, en sus primeros tiempos, nos convierte en seres vulnerables, indefensos, “bobos”, y nos hace sufrir porque perdemos nuestro eje en función del otro.

Por todas estas razones, es genuino tenerle miedo al amor. Porque sabemos o presentimos que implica una pérdida, una donación de tiempo, de mirada, correrse del centro para darle un lugar al otro.

El problema es cuando este miedo nos impide formar una pareja o nos hace escapar ante el primer indicio de que estamos “perdiendo el control”.

Si el problema es que huimos de las relaciones por miedo, lo primero que deberíamos preguntarnos es si realmente queremos estar en pareja. A veces, el miedo es solo una excusa y la realidad es que no estamos dispuestas a dejar de lado nuestra independencia en función de otro, porque disfrutamos de estar solas, de no tener horarios para volver a casa, de no tener que dar explicaciones, y esto es totalmente respetable.

Pero si en realidad ansiamos estar en pareja y los miedos nos impiden lograrlo, deberíamos tratar de identificar miedo a qué sentimos: ¿al abandono?, ¿a exponernos?, ¿a fracasar?, ¿a salir lastimadas? Y qué nos lleva a sentir estos temores.

Es verdad que en esta entrega al amor siempre hay riesgos y pocas o ninguna garantía, sin embargo, saber lo que queremos y lo que no y separarlo de los miedos es un paso importante para encarar las relaciones de otra manera, con mayor seguridad. Porque si las encaramos solo con temores, corremos el riesgo de responsabilizar al otro de nuestras propias inseguridades, y es ahí cuando surgen los problemas y las dudas constantes.

Por otro lado, sentir miedo es algo natural del ser humano, es una alerta ante lo desconocido. Pero a veces, en relación al amor, lo que alimenta estos temores es la idealización. Creer que ese estado de enamoramiento que no te deja pensar en otra cosa que en esa persona y que te hace verla perfecta es para siempre, es un gran error. No hay cuerpo ni espíritu que resista semejante estado tanto tiempo.

Superada la etapa del “príncipe azul”, los defectos salen a la luz y esto puede generar una desilusión muy grande y temores futuros a que pase lo mismo en una nueva relación.

Ahora, si el problema es el miedo a perder el control de uno mismo, es porque en realidad ya no lo tenemos y este debería ser el rasgo a trabajar. Otra persona no va a controlarnos si nosotras no se lo permitimos. 

El amor es una apuesta sin garantías donde los temores son sumamente válidos. Aprender a convivir con ellos, saber diferenciarlos de las certezas y no permitir que nos dominen es parte del aprendizaje.

Asesoró: Lic. María Cristina Castillo, psicoanalista,
docente y supervisora de Pareja y Familia en la Institución Fernando Ulloa