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¿Cuáles son los hábitos de alimentación en nuestra familia?

En esta época donde estamos conectados a la tecnología, todo el tiempo, hay que recordar que comer en familia y tratar de compartir la mayor cantidad de comidas posibles es fundamental. Algunos consejos para mejorar los hábitos de alimentación

Un hábito es un modo especial de proceder adquirido por repetición. Qué comemos, dónde lo comemos, cuánto comemos, de qué forma y con quiénes comemos son preguntas cuyas respuestas trazan el perfil de nuestros hábitos alimentarios. Y aunque habitualmente no tomamos conciencia de ellos, es interesante ponerles un poco de atención para ver si vamos por el buen camino… y si estamos generando en nuestra familia hábitos que apunten a la salud.

 

Qué comemos


¿Nuestra alimentación es variada y balanceada o nos excedemos en las grasas, los dulces o, incluso, la carne? ¿Incluimos las cinco porciones recomendadas de frutas y verduras al día? No es más que comer tres frutas a lo largo del día y una porción de verduras crudas o cocidas en cada comida. Otro detalle a tener en cuenta es la importancia de que por lo menos una de las porciones de vegetales del día sea cruda: una ensalada, por ejemplo.
 
Todos los días, sí o sí, hay que hacer cuatro comidas.
 
En el desayuno y la merienda, incluir leche o yogur, cereales integrales y fruta.
En el almuerzo: carnes magras rojas o blancas (rojas no más de tres veces por semana), verduras, aceite 1 cucharadita de café por persona (e incluir semillas y aceitunas) y fruta.

En la cena, cambiar la carne por cereales o legumbres y repetir el resto.

Si hay hambre entre comidas, como colación: fruta o yogures.

 

Cuánto comemos


¿Comemos demasiada cantidad? No repetir el plato y servir la comida en platos de postre son algunos hábitos que no están destinados solo a quienes necesitan bajar de peso, pueden ser una norma para todos, ya que ser moderados en la comida es mucho más saludable que excederse. Algunos trucos, como comprar en la calle un alfajor en lugar de un paquete de galletitas que muchas veces terminamos comiendo entero, ayuda a controlar las porciones. Otras ideas que van en este sentido: elegir restaurantes de comida a la carta en lugar de “tenedores libres”, cocinar lo justo, no llevar la fuente a la mesa y nunca instar a los chicos a “terminar el plato”. Tienen que aprender desde chicos a registrar y respetar la sensación de saciedad: si quiere dejar un raviol, perfecto.

Dónde lo comemos


Parados, a las corridas, o simplemente porque estamos solos y para no tener que poner la mesa “picamos” de esta forma. Hay que sentarse y darse el tiempo y el espacio para comer; porque si comemos parados no digerimos bien y además, sentimos como “que no comimos” y probablemente tengamos ganas de volver a comer enseguida.

 

De qué forma


¿Comemos apurados, mirando TV, en el trabajo sobre la computadora, haciendo otra cosa a la vez? ¿Comemos  tragando entero y sin masticar, devorando como si ésa fuera la última comida de nuestra vida o tranquilos, masticando por lo menos 20 veces cada bocado, apoyando los cubiertos en el plato entre bocado y bocado?
 
Esto es fundamental: el proceso de la digestión comienza en la boca y es importante que al tragar los alimentos se los haya triturado (masticado) y ensalivado bien para que pueda hacerse una buena digestión. “Tragar entero” puede provocar malas digestiones, acidez, pesadez, etc. Otra cuestión fundamental es que el cerebro tarda 20 minutos en registrar la sensación de saciedad, entonces, si en 15 minutos y a toda velocidad nos atiborramos de comida, cuando el cerebro se da cuenta, ya se comió demasiado. Comiendo despacio se percibe la señal de saciedad y se puede detener la ingesta.

 

Con quiénes


Comer en familia es fundamental y hay que tratar de compartir la mayor cantidad de comidas posibles. Desayunar juntos, es una manera de comenzar el día conectados, repasar las “agendas” de cada uno y hablar brevemente de eso. Si bien el apuro a la mañana seguramente no da lugar para una gran charla, pone sobre la mesa temas que pueden ser retomados después, cuando se percibe que hay interés o necesidad de hablar de algo en particular.
 
La cena, de ser posible también compartida, conviene que sea con el televisor apagado, y sin celulares en la mesa, justamente para conectarnos y entablar un diálogo.
 
En el trabajo, podemos tratar de evitar compartir la comida con personas que no pueden “cortar” y siguen hablando de trabajo en la pausa del almuerzo. También conviene evitar a la gente negativa que critica todo y todo el tiempo, que ve siempre el vaso medio vacío… elegir con quiénes compartir nuestras comidas para que sean más agradables seguramente también beneficiará la digestión…
 
¿Creés que hay alguno de estos hábitos que podrías mejorar? En tu familia, ¿qué es lo que creés que deberías modificar con respecto a la alimentación?

Te invitamos a visitar nuestra sección de Recetas donde encontrarás ideas sanas para toda la familia!

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