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Cuando el futuro papá le tiene miedo al parto

¿Es normal que el hombre sienta miedo al parto? ¿Cómo puede superarlo?

Culturalmente, los hombres han sufrido una gran presión relacionada con la masculinidad. Frases como “los hombres no lloran” han calado hondo, y esa imagen del hombre protector, fuerte y seguro, aunque no tanto como antes, sigue vigente. Sin embargo, la sensibilidad y la debilidad son parte de la humanidad toda, a pesar de que se las quiera atribuir solo al género femenino. Y ahí es donde el miedo al parto en hombres deja de ser algo “raro”  o “anormal” para convertirse en un sentimiento totalmente entendible y esperable en una situación tan novedosa y especial, como lo es la llegada de un hijo.

Porque el hombre, al igual que la mujer, es un ser emocional, y una de las emociones básicas en los seres humanos es el miedo: el miedo a lo desconocido, el miedo ante aquellas cosas que no se pueden controlar, el miedo a que una situación cargada de expectativas no salga tal y cómo uno imaginó; y en el caso del parto, se trata de un momento que encierra todas esas características: es algo nuevo, incontrolable y cargado de  ilusiones tanto de la madre como del padre.

Después de muchos meses de espera (y después, quizá, de haber intentado el embarazo durante mucho tiempo), un nuevo integrante llega a la familia y esto supone un punto de inflexión, un momento a partir del cual ya nada será igual. A esta situación desconocida se unen las posibles complicaciones médicas para el bebé y/o para la madre, que también generan miedo, un miedo que suele estar presente de forma silenciosa en la mente de todos, haciendo que aumente la ansiedad, que a su vez alimenta los fantasmas.

Quizá sea la primera vez que el hombre presencia un parto, y esto también lo enfrenta a algo nuevo y desconocido. Y aunque este “enfrentamiento” no sea tan directo como en el caso de la mujer, tal vez sume algunas contras. Por ejemplo, el hombre puede sentir que no dispone de recursos como para disminuir el sufrimiento de la mamá y que su rol es solo esperar a que los demás hagan lo que tienen que hacer, bien, y esto puede generar impotencia, que también se traduce en miedo, dando como resultado un combo realmente angustiante.

¿Qué puede hacer el padre para superar su temor al parto?


En primer lugar habría que diferenciar si se trata de un miedo que es necesario superar o de un miedo que lo único que necesita es ser aceptado.

El miedo que necesita ser superado es aquel que supone una patología, es decir, aquel que interfiere en la actividad diaria de la persona que lo padece. En cambio, el miedo que no interfiere es una reacción normal a un acontecimiento especial. Este miedo no patológico debe aceptarse, y tan solo con aceptarlo disminuirá la  ansiedad, y con esto, la sensación de miedo.

Es importante comprender que en cualquier situación de parto, un hombre que está conectado con sus sentimientos y emociones sentirá, como mínimo, algo de miedo, algo de nerviosismo, algo de entusiasmo, algo de ilusión… y todo esto es lo normal. Se puede acompañar desde estas emociones, al igual que se puede acompañar desde la más absoluta tranquilidad.

Seguramente la mujer también sienta muchas de estas emociones, y quizá a niveles más elevados, ya que ella es parte más activa en el parto, y seguro también tenga más presentes los riesgos que un parto supone tanto para ella como para el bebé. En este tipo de situaciones, la sinceridad entre los miembros de la pareja es fundamental: compartir las emociones positivas, dejando cabida también para expresar aquellas que no lo son tanto, es la clave.

Durante el trabajo de parto en sí mismo, el tono de voz suave y los comentarios positivos así como también demostrar una confianza total en la mujer y en todos los profesionales que intervengan, ayudará a ambos a tranquilizarse (dentro de los límites de lo posible).

 

¿Cuándo se vuelve este miedo una patología? ¿Qué hacer en este caso?


Cuando el miedo comienza a interferir en la vida de quien lo sufre es porque se transformó en una patología.

¿Cómo darse cuenta?: un miedo irracional provoca síntomas físicos como palpitaciones, mareos, etc. y síntomas psicológicos como pensamientos y sueños recurrentes anticipatorios, que no son positivos sino catastróficos. 

Cuando a esto se suman reacciones anormales como dejar de hacer aquello que en realidad se quiere hacer, actuar de forma demasiado nerviosa, tratar mal a gente que no ha hecho nada, etc. significa que el miedo está provocando emociones imposibles de controlar. En estos casos, lo mejor es reconocerlo y buscar la ayuda de algún profesional para encauzar los sentimientos, trabajarlos y aceptarlos hasta llegar a una resolución positiva.


Asesoró: Anaïs Cerrillo, psicóloga

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