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¿Dormir solos o compartir la habitación con los hermanos?

A medida que se agranda la familia y crecen los hijos, necesitamos reorganizar el hogar y decidir dónde y con quién dormirán.

A medida que nacen nuestros hijos vamos acomodando los espacios del hogar y los ambientes donde dormirán. Las opciones estarán dadas por las posibilidades de cada familia y por el espacio con el que cuenten en la casa. Si el único dormitorio es el de los padres, el lugar de los niños será el living, salvo que se decida hacer un "enroque" y dejar la habitación para los pequeños, convirtiendo el living, de noche, en habitación matrimonial.

Tanto en el caso antes mencionado como en el que exista un solo cuarto –ya ocupado por un primer hijo- además del de los padres, la realidad no brinda demasiadas opciones y el primogénito deberá correr los juguetes y hacerle un lugar al bebé. Ahora, si hay un tercer dormitorio, o llega el momento de una mudanza a una casa más grande, será hora de pensar y decidir si dejar a los chicos juntos o no.

La experiencia de muchos padres indica que los bebés descansan mejor acompañados por sus hermanos mayores y que los más grandes aceptan de muy buen grado dormir con el chiquito, incluso cuando queda un cuarto libre, que muchas veces en esta primera etapa se destina como play-room. Y el temor de los padres con respecto a que el llanto del bebé despierte al hijo mayor en medio de la noche se diluye cuando ven, asombrados, que el mayor ni se entera del llanto fuerte que, por supuesto, los despierta a ellos a pesar de que duermen en otro cuarto.

A medida que los chicos crecen, habrá que ir escuchando sus deseos, y es de esperar que cuando el mayor esté cerca de los 10 años empiece a manifestar deseos de autonomía, sobre todo si se trata de hermanos de distinto sexo.

Llegada esta etapa, y si es factible, habrá que dar tiempo a pruebas y a avances y retrocesos: puede ser que el más grande, después de una mudanza que incluyó hasta muebles nuevos, decida que prefiere volver a su antiguo cuarto; y es posible que el más pequeño entre en crisis porque no quiere dormir solo. Por eso, conviene hacer ensayos sin demasiadas expectativas de lograr algo definitivo en poco tiempo.

Mientras tanto, es bueno ir hablando con los chicos acerca de por qué quieren –o no quieren- tener una habitación para ellos solos.

Ahora, con el advenimiento de la preadolescencia y de la adolescencia propiamente dicha, el hecho de tener un cuarto propio se torna mucho más importante y casi imprescindible –siempre en la medida de las posibilidades, claro- si los hermanos son de sexos diferentes, porque el pudor y la necesidad de intimidad se benefician con un espacio individual al que puedan, también, decorar y acomodar de acuerdo a su gusto en una etapa en la que la identidad está en plena formación.

Y más allá de los ideales y de las ventajas y desventajas de cada situación, cada familia deberá encontrar el equilibrio entre lo que sus hijos quieren y necesitan y sus propias posibilidades de brindárselo.

 

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