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Mujeres-madre "multitasking": ¿realmente podemos con todo?

La llegada de los hijos, por más que sean deseados y buscados, puede hacernos tambalear cuando tratamos de llevar adelante nuestros roles de mujer y madre. ¿Cómo recuperar el equilibrio y no caer en el intento?

Cuando nos convertimos en madres hay aspectos que pueden quedar postergados: el progreso en la carrera o profesión, los espacios de soledad, los horarios propios, los momentos de pareja y/o amigos, el tiempo de ocio, etc. Incluso temas más prácticos como la disposición de los muebles en casa, las costumbres de alimentación, las compras, la ayuda en el hogar y la economía, pueden cambiar rotundamente.

Sin embargo, es clave tener en claro que postergar no tiene por qué ser negativo, sino más bien un resultado de organizar qué ahora y qué después.

Es cierto que cuando se trata de cosas que nos daban mucho placer a veces es difícil verlo positivamente, pero en ese caso recordar que esto no dura para siempre, que también tiene sus momentos placenteros y que hay que elegir balanceando, puede ayudar.

Es decir, no debemos desesperar a la hora de tener que dejar algo o acomodar tiempos ante la llegada del bebé. Los niños crecen y ciertos momentos que parecen definitivos son solo etapas. Entonces, lo ideal es acomodar ciertos horarios y rutinas adaptándolos al niño, sabiendo que poco a poco las cosas pueden reacomodarse en otro escenario que nos devuelva aquello que elegimos no hacer al priorizar a nuestro bebé.

En cuanto a elegir balanceando, hay que tener presente que una mujer feliz es una mejor mamá. No todas las elecciones deben implicar “borrar” a la mujer que somos antes de maternar para pasar a ser “mamá”. La clave es lograr un equilibrio saludable.

 

¿Cómo lograr ese equilibrio saludable?

 

Cuando vemos a una mujer que puede con todo lo que hace pensamos “¿cómo lo logra?”, “¡es imposible!”, sin embargo, tal vez estamos viendo a una mujer que eligió con qué poder, que priorizó y, por ende, también postergó. Todo al mismo tiempo no es posible, es una utopía irrealizable e insana.

Todas las personas (seamos mamás o no) somos muchas cosas: amiga, hija, pareja, trabajadora, lectora, cinéfila, deportista, nieta... Entonces, hay que ver sobre qué ponemos nuestra energía. Si nos convertimos en “multitasking” (que literalmente significa “multitareas”) solo por aquellas cosas que sí consideramos valiosas, descartando otras, podremos manejar la situación. Pero si queremos todo, al corto plazo terminaremos "quemadas".

Para no caer en una rutina de obligaciones y nada de disfrute es importante:

-Aceptar que no podemos hacerlo todo y que hay momentos para algunas cuestiones y habrá otros para otras.

-Darnos tiempo de vez en cuando para parar y mirarnos con actitud crítica positiva.

-Preguntarnos: ¿Estamos en lo que queremos? ¿Hay cuestiones superfluas? ¿Podemos cambiar algo para sentirnos mejor? ¿Los hijos qué demandan? ¿La demanda es real o es solo producto de nuestra insatisfacción de querer más?

Una tarea de a dos

 

Hoy hay muchas más "zanahorias" que correr propuestas por la sociedad en la que vivimos y las personas quieren correrlas a todas. La vida moderna demanda. Para las mujeres: carrera, maternidad, cultura, participación, sociabilidad, belleza, estado físico, compenetración materna... Los hombres no se quedan atrás: se les pide ser compañeros, exitosos, hogareños, presentes, padres cuasi mamás, etc.

En este contexto, los padres tenemos el desafío de saber qué "zanahorias" correr en lo personal, pero también como familia.

Es indispensable que cada pareja de padres (estén juntos o no) acuerden qué quieren de su familia, en qué participarán y cómo, a la vez de seleccionar aquellos caminos personales a desarrollar. Hay que medir la "ambición de más" y el afán de copia de lo que otros hacen. Los terceros pueden ser inspiradores, pero siempre para repensar lo propio.

Cuando tenemos hijos elegir debe tener como horizonte las necesidades de los chicos a su edad. Ellos son niños una sola vez y nosotros no podemos hacer a sus 5 años lo que nos gustaría haber hecho cuando tenían un año. Entonces, haber trabajado como padres qué queremos de nuestro hijos, qué queremos darles y promover en nuestra familia, es el primer paso para alcanzar el equilibrio sin terminar frustrados porque nos llenamos de cosas para hacer que opacaron el disfrute.

Para que nuestros hijos tampoco terminen haciendo miles de cosas a la vez, no debemos olvidar que:

- Los chicos necesitan ser motivados, de manera que proponerles diversidad es interesante, pero gran parte de la motivación llega también de la mano del ocio, el aburrimiento y el juego. Por esto, en cuanto a ellos es preciso no llenarlos de cosas por hacer. Sino más bien ofrecerles algunas posibilidades (como por ejemplo una actividad artística y otra deportiva, siempre vinculadas a lo lúdico), y darles tiempo libre para disfrutar de su casa y sus juguetes.

- Los adultos damos el ejemplo. Cuando nos comprometemos con una actividad y lo hacemos con conciencia a partir del deseo real, estamos siendo modelo para los chicos. Mostrarles que se pueden llevar adelante proyectos personales y compartir tiempo con ellos es un modo de construir frente a sus ojos un modelo de paternidad.

Ellos disfrutarán de aquellas cosas que les enseñemos a disfrutar. Contemplar, estar "panza arriba", disfrutar de la mesa... son cosas que se pueden si nos las proponemos.

La paternidad es un proceso en construcción. Siempre se puede cambiar o empezar. La cuestión es aceptar que eso es posible.

 

Asesoró: Flavia Tomaello,
autora del libro “Cómo hacen las que pueden”, entre otros título.

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