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Nos vamos a separar

La decisión de separarse no es sencillo. ¿Cómo contarle a los hijos lo que va a suceder?

“No se cómo decírselo, pero no puedo más.”

“Para mí que no se da cuenta porque es chiquito.”

“Yo veo que sufre porque no lo observo muy feliz y con ganas de jugar”

“En la escuela no paran de mandarme notas por su comportamiento.”

“No me animo a estar sola, por eso no me separo pero no aguanto más la tensión que se vive en mi casa.”

“Esto es un caos, mi hijo se pone en el medio con sus tres añitos y nos dice “no griten…. Basta!!!!”

“Con tiempo lo fuimos preparando para contarle que su papá y yo no íbamos a estar más viviendo juntos en casa.”

Es sabido que tomar la decisión de separarse no es sencillo. También se sabe que hablar delante de los chicos de cosas de grandes no es bueno para ellos. Incluso es de la sabiduría popular que "mejor separados y bien que juntos y mal". Pero en la práctica y en la realidad de todos los días, especialmente en los hogares con bebés y niños pequeños, a veces la impulsividad y el desborde dominan la escena cotidiana.

Y dentro de esa escena, como principal protagonista, espectador pasivo pero no “recibidor de emociones pasivo” está el niño. Desde su incomprensión, miedo, parálisis o berrinche, nos avisa de vez en cuando que quiere que esa situación no elegida ni comprendida finalice de una vez por todas y comience otra nueva historia que pueda aceptar y hacerlo reír. Pero para que eso suceda es necesario ayudarlo.

En los meses o días previos a la separación los niños pueden sentirse confundidos porque fundamentalmente cambia el escenario familiar. Los padres pueden no compartir la misma cama, cambian las rutinas, y comienza un clima y la sensación de pérdida de algo. Especialmente de un estado de tranquilidad y habitualidad. Hay como cierta amenaza de cambio y de desprotección en el ambiente, producto de las diferencias previas.

La inmadurez psíquica, natural en las edades tempranas, todavía no le permite dimensionar el cambio. Incluso hasta puede sentirse responsable cuando no está clara la motivación de dicha separación ante él.

Algunas características que los niños pueden mostrar en esta etapa son:

  • Pueden estar más inseguros.
  • Desconfiar de sus papás cuando son niños más grandes, y ponerlos a prueba todo el tiempo.
  • Cuando ya se produjo la separación física de los padres, se pueden volver retraídos, no preguntar nada, como una manera de conservar la ilusión de que nada cambió.
  • O exigen la presencia de ambos en todo momento.
  • A veces les cuesta quedarse en lugares donde antes se quedaban sin problemas.
  • Tienen peleas más frecuentes con amigos y/o hermanos sin mayor motivo. Pueden hasta autoagredirse.
  • En ocasiones, hasta se sienten culpables de lo que está sucediendo, lo que le suma angustia y dolor a la tristeza natural de no ver a sus papás juntos y bien.

Si esta situación no se habla, si no se les explica lo que va a suceder, ni se esclarece lo que está pasando, conversándolo teniendo en cuenta la edad del chico, pueden aparecer síntomas:

  • Dificultades en el sueño (miedo a dormirse, pesadillas, insomnio)
  • Falta de apetito o atracones (según la edad)
  • Buscan ocupar el lugar de la persona faltante en ese momento (ya sea en la cama o ayudando en las tareas domésticas como un adulto).
  • O todo lo contrario, tienen conductas regresivas similares a cuando eran bebés para ilusoriamente recuperar algo de lo perdido.
  • Incluso en ocasiones no quieren ir a la escuela para no tener que compartir esto que están viviendo.
  • A veces mienten, tratando de inventar una realidad que no existe.
  • Se retraen, se vuelven más apáticos con el resto de las personas o se vuelcan a algún abuelo familiar o amigo.
  • Pueden tener ataques de bronca sin motivo como una manera de “escape” de su tristeza.
  • Dolores físicos de todo tipo, especialmente de cabeza, de panza, fracturas o golpes.

 

¿Cómo contarles lo que va a suceder?

En principio, lo importante es que los papás tengan la claridad de que es una decisión definitiva, porque lo que confunde a los chicos son las idas y vueltas. Si los padres discuten y uno de los dos duerme en el sillón, pero al otro día vuelven a dormir juntos en la cama, los chicos pueden angustiarse y sentirse confundidos. Por eso es importante tener las cosas en claro para luego poder explicárselas a los hijos.

Una vez tomada la decisión, lo ideal es contársela juntos. Para los hijos es fundamental que sus padres les comuniquen juntos la noticia porque esto evitará dobles mensajes.

Podemos decir, por ejemplo, que ya no queremos vivir bajo un mismo techo como pareja, que vamos a vivir en diferentes casas, que esto significa que nos vamos a separar pero que ellos, como hijos, no tienen nada que ver con la decisión ni son culpables de nada. Es decir, asegurarles de alguna manera que el amor sigue siendo el mismo, que no nos separamos de ellos y que vamos a seguir siendo sus padres aunque no compartamos el hogar.

Si se trata de un bebé o niño chiquito, es fundamental poner en palabras lo que está sucediendo, aunque no haya una respuesta hablada de su parte o pensemos que "no entiende" o "no se da cuenta". En este caso se recomienda explicárselo de una manera bien explicita, como por ejemplo: “a partir de ahora papá va a dormir en otra casa, ya no va a dormir con mamá, ya no vamos a vivir juntos en la misma casa y vos te vas a quedar con mamá”.

Por otro lado, cuanto más cosas se le pueda anticipar, mejor. Por ejemplo, “mamá/ papa va a vivir en otra casa pero la/lo vas a seguir viendo tales días”. Es decir, dejar en claro que no van a perder el contacto con el padre que no viva con ellos y que van a poder verlo cuando quieran.

Si vemos que no podemos hablarlo juntos, que retrasamos el momento de la charla, que no podemos ni sabemos cómo afrontar la situación, buscar ayuda profesional puede ser clave.
 

Para seguir pensando

 

Es importante tratar de no contrarrestar estas situaciones con regalos para compensar las carencias que los padres sienten que les producen a sus hijos con la separación. Tratar de no llenar estos espacios desocupados o corridos de lugar, con objetos.

Para eso, primero es necesario que los adultos en situación de separación comprendan que no significa que dejan de ser padres; estarán de diferente manera, pero que su lugar, su rol, su función y su amor deben conservarse.

Para prevenir las posibles consecuencias de una “mala separación" es conveniente que haya criterio en común en cuanto a los límites y pautas, aunque en el nuevo hogar de uno de los padres rijan algunos nuevos hábitos o costumbres.

Para tener en cuenta:

  • No utilizar a los niños como mensajeros de “cosas de grandes”
  • No usarlos tampoco como espías para saber sobre la vida del otro
  • No hablar mal de alguno de los padres con el hijo o en su presencia

Lic. Alejandra Libenson, psicopedagoga,
autora de Criando hijos, creando personas y Los Nuevos Padres

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