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¿Qué tener en cuenta a la hora de estimular una habilidad en los chicos?

Iniciar una disciplina en la infancia permite lograr mejores resultados y algunas carreras no pueden desarrollarse profesionalmente si se encaran más tarde. Pero el costo puede ser alto. ¿Qué tener en cuenta a la hora de estimular una habilidad en los niños?

Cuando nos damos cuenta o alguien nos dice o nos confirma que nuestro hijo pequeño tiene una sorprendente habilidad para algo en particular, como ser el tenis, el fútbol, el violín, la danza clásica, etc. los padres tenemos que elegir entre dejar que el tiempo pase estimulando este talento moderadamente (por ejemplo, mandándolo una o dos veces por semana a tomar clases) o seguir el camino del entrenamiento, del sacrificio y de la exigencia.

Resolver este dilema no es tarea fácil y requiere, antes que nada, una importante cuota de atención de parte de los adultos, porque hay que aprender a ver las señales de los niños y a separar lo que son deseos de los padres de lo que son deseos de los hijos.

A la hora de decidir cuánto “sacrificio” puede hacer un niño para dedicarse desde pequeño a una actividad artística o deportiva hay que recurrir a un termómetro muy especial: el termómetro que mide el disfrute. En la medida que el niño pida y disfrute de la actividad, puede estar bien que entrene tres veces por semana y además tome clases los sábados. Lo que habrá que ver, en este caso, es cómo se organiza el resto de la vida del niño alrededor de este gran interés. Por ejemplo, si se trata de una niñita muy interesada en la danza, que lo que más quiere en la vida es calzarse sus zapatillas de ballet, tal vez haya que resignar el colegio doble jornada.

Respetar los tiempos de los chicos, sus ganas y sus modos es fundamental. La regla debe ser no presionar pero sí acompañar: si el nene está feliz con ir a fútbol una vez por semana y no quiere ir tres veces, por más que el entrenador diga que es el futuro goleador de América, habrá que poner primero el deseo del niño. Lo mismo que si el padre soñaba con un hijo médico y el chiquito lo único que espera es la hora de ponerse los botines.

Entonces, empezar de a poco, ir sumando horas en la medida que el niño lo pida, ir evaluando permanentemente cómo afecta esto a su vida: si se lo ve cansado, irritable, si le cuesta dormir, si muestra alguna modificación significativa en sus conductas, si se vuelve introvertido, si se aleja de sus amigos, si le empieza a ir mal en la escuela… todas estas pueden ser señales de alerta. Tal vez, una hora de violín por semana sea más que suficiente; si ese “entrenamiento” se amplía, debe ser siempre por el deseo y el disfrute del pequeño.

Acompañar, escuchar, no obligar, nunca fomentar la competencia, darse cuenta de que a veces no dicen directamente “no quiero ir más a comedia musical” pero se enferman o están enojados, son algunas de las alarmas del “termómetro” que los padres tienen que tener siempre presentes. Nadie dice que ante el primer pedido de “faltar” hay que dejarlos abandonar, pero sí hay que tener clara la diferencia entre estimular y sobreexigir.

Puede ser que haya chicos con habilidades particulares, interés por una disciplina y dispuestos a hacer lo que a los padres les parece un sacrificio. De hecho, algunos padres hubieran querido una infancia más tranquila para quien hoy es una estrella del ballet o un as del fútbol… pero también hay que saber aceptar el camino que quieren recorrer los hijos y que, a veces, señalan desde muy temprano.


Asesoró: licenciada Rosina Duarte, psicóloga especialista en niños
y adolescentes y coordinadora del Primer Programa Argentino de
Formación en Primera Infancia y Crianza

Niños Educación y estimulación Psicología del niño y la familia