Hace un tiempo me llego un escrito en el que se refería a los seres humanos como navegantes en las aguas de la vida. Me pareció que esta imagen podía servir para graficar un poco más, este viaje en el que nos embarcaron nuestros hijos que partieron.
Hace un tiempo me llego un escrito en el que se refería a los seres humanos como navegantes en las aguas de la vida. Me pareció que esta imagen podía servir para graficar un poco más, este viaje en el que nos embarcaron nuestros hijos que partieron, y en el que cada uno de nosotros va trazando su propia ruta. Si queremos llegar a buen puerto, es importante fijarnos metas, y así no sentimos como una embarcación a la deriva del sufrimiento y los recuerdos que nos atormentan, sin saber hacia donde avanzar. Contamos para esto, desde lo interno, con nuestra propia esencia, es decir con todos los recursos propios, que no siempre sabemos valorar y aprovechar.
Desde lo externo, una de las posibilidades es Renacer. Cuando estamos debilitados porque el dolor es muy intenso, nuestra barca es llevada por la fuerza de los vientos y las corrientes, sintiendo como que un fuerte imán nos arrastra hacia el pasado. Algunos, a veces, pueden en medio de la tormenta, olvidar el sentido del viaje. Otros, con mucho coraje, se atreverán a enfrentar temerariamente los desafíos. Y están también los que buscan mares más tranquilos, aguas calmas donde dejarse mecer, pero sin rumbo fijo y a la deriva. Y en este viaje imaginario, hay embarcaciones con tripulación de apoyo, y hay navegantes que, desde la experiencia vivida, están deslizándose por los mares, haciéndonos saber que no estamos solos y que tenemos donde buscar ayuda. La búsqueda de todos, en definitiva, es un mismo destino: de paz interior y amor, donde encontrarle un nuevo sentido a nuestras vidas.
Al principio del duelo pensamos que somos navegantes aislados, hasta que nos damos cuenta que esto no es así, que otros marinos alrededor para participar juntos de este viaje. Nuestro ser permanece en un estado de confusión y de sentimientos encontrados. Podemos quedar varados en esta etapa y aún mas, echar anclas, tener la vivencia de haber perdido nuestra capacidad de amar y de disfrutar de la vida. Pero hoy nos atrevemos a afirmar con certeza, aunque a alguno de ustedes les parezca imposible en este momento: que en la medida que nos lo proponemos y decidimos querer estar mejor, esto se puede lograr. Lo van a escuchar permanentemente de los compañeros de grupo que ya lo han experimentado. Y si elegimos avanzar, debemos saber pedir ayuda cuando lo necesitamos, perdonarnos y perdonar, manifestar no solo la tristeza, y las broncas sino también los momentos buenos, aunque sean fugaces.
Cambiar el "no puedo", por "lo voy a intentar", aunque más no sea en las pequeñas cosas, y poco a poco irnos atreviendo cada vez a más. Y cuando a través del compartir, por ejemplo, podemos comenzar a brindar ayuda a quienes la necesitan, o llevar información y energía de un lugar a otro, es que se va disipando la bruma que nos impedía ver mas claramente el objetivo.