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Obesidad infantil: una enfermedad que aumenta y preocupa

 
Considerada una epidemia global, la obesidad es una enfermedad que creció notablemente en la población infantil. Los tiempos cambian. Si años atrás un bebé rollizo era sano, hoy el sobrepeso no es signo de salud.

Considerada una epidemia global, la obesidad es una enfermedad que creció  notablemente en la población infantil. En Argentina, el 60% de las personas adultas tiene sobrepeso u obesidad. Y si bien la cifra indica la seriedad del problema, tanto más preocupa saber que el exceso de peso a edades tempranas aumenta la posibilidad de ser un adulto obeso y tiene mayores consecuencias sobre la salud en el futuro.

Los tiempos cambian. Si años atrás un bebé rollizo era sano, hoy el sobrepeso no es signo de salud. Antes, los chicos copaban las veredas andando en bicicleta o jugando a la mancha, en la actualidad, esas corridas por la calle fueron sustituidas por cómodos sillones para ver televisión con un paquete de snack.

La obesidad y el sobrepeso se definen como el exceso de grasa corporal que puede ser perjudicial para la salud y se presentan cuando el consumo de alimentos calóricos supera el gasto de energía, almacenándose en el organismo como tejido graso. Para identificar cuándo una persona tiene sobrepeso u obesidad se utiliza un marcador denominado índice de masa corporal (IMC), una relación entre el peso y la talla del individuo.

El valor que se obtiene permite saber si el peso está dentro de los límites normales. Si el índice se ubica entre 20 y 25, es un estado nutricional normal, mientras que de 25 a 30 se considera sobrepeso y más de 30, obesidad. En niños, además, se utilizan tablas diseñadas especialmente que reúnen los valores medios de peso para la talla, según la edad y el sexo.

Causas y consecuencias

Si bien existe una predisposición genética a padecer obesidad, la combinación de factores hereditarios y ambientales son los que determinan que un niño propenso a engordar desarrolle la enfermedad y explican, además, el crecimiento de la obesidad y el sobrepeso en los últimos años. 

Los cambios en estilo de vida ayudan a entender esa tendencia. En la rutina alimentaria hay una disminución de la comida casera y un aumento de los menúes rápidos y de delivery. Los alimentos industriales ricos en grasas saturadas –golosinas, snacks- dejaron de ser de consumo ocasional.

Los entretenimientos que ofrece la tecnología –televisión, computadora, play station- tientan a pasar largas horas frente a la pantalla y propician el sedentarismo, mientras que las publicidades incitan al consumo de alimentos no saludables. Las actividades físicas, deportivas o al aire libre se fueron limitando, en ocasiones, por falta de tiempo de los padres para acompañar a los chicos.

Estos factores conducen a ingerir menos alimentos nutritivos, a incorporar más productos de alto valor calórico y, al haber un menor gasto energético por falta de actividades físicas, se genera un aumento de peso.

La obesidad trae serias consecuencias para la salud. Además de ser una patología, es un factor de riesgo de otras enfermedades como diabetes, hipercolesterolemia e hipertensión arterial que, al mismo tiempo, ocasionan  riesgo de padecer afecciones cardiovasculares.

Los factores emocionales también son clave, tanto como causa que lleva a la ingesta compulsiva para calmar la ansiedad que se genera por numerosas razones, y, a su vez, como consecuencia por el sufrimiento que provoca la discriminación de sus pares y produce una baja autoestima.

Cuándo preocuparse

Algunos signos ayudan a pensar cuándo el peso de los niños puede ser una preocupación. Más allá del aspecto físico, es importante tener en cuenta la actitud que el niño tiene hacia la comida: si está muy ansioso y busca golosinas o necesita comer con insistencia fuera del horario de las cuatro comidas básicas, porque no logra una sensación de saciedad.

También es probable que evite realizar actividades que le demanden mucho esfuerzo físico o que suspenda momentos de juego por comer. Algunas creencias dificultan que los padres adviertan el sobrepeso. Se tiende a pensar que un niño es robusto o grandote y no que está excedido de peso o que, con los cambios de la pubertad, los kilos se reducen.

Un niño robusto puede tener un peso mayor para su edad y su talla, lo importante es determinar si el tejido que predomina es muscular –que no es un factor de riesgo- o graso -que sí lo es-. Para diferenciarlo existen estudios que evalúan qué proporción tiene cada uno de los elementos (agua, tejido graso, magro o muscular) que forman la composición corporal.

En cuanto a la etapa del desarrollo, puede suceder que, cuando las hormonas actúan, el sobrepeso de la niñez disminuya. Sin embargo, si los hábitos alimentarios y un estilo de vida activo no se incorporan desde la infancia, en la adultez es muy probable que vuelva a tener el sobrepeso infantil.

Los pasos a seguir 

La primera persona de referencia ante el exceso de peso es el pediatra, quien normalmente realiza un seguimiento y observa cómo fue evolucionando el crecimiento de un niño. Al mismo tiempo, es importante hacer una consulta con un especialista en nutrición como guía para comenzar a generar buenos hábitos alimentarios.

Siempre es conveniente abordar la obesidad con un equipo interdisciplinario compuesto por pediatras, nutricionistas y psicólogos. En la medida en que se trate en forma integral los distintos aspectos que hacen que el niño llegue al sobrepeso, se obtienen mejores resultados y a más corto plazo.

Es imprescindible que toda la familia se involucre y modifique su rutina alimentaria. Comer en forma saludable se debe tornar un estilo de vida para todos y no algo específico para el niño. De esta manera, se encara el problema desde el punto de vista familiar y no aislando al niño y haciéndolo sentir diferente.

Dieta y tratamiento

A diferencia del tratamiento de un adulto, que se caracteriza por un descenso calórico, con los niños es necesario seleccionar cuidadosamente los alimentos y no ser rígido con las cantidades y medidas, porque se encuentran en edad de crecimiento y requieren de alimentos que, aunque sean energéticos, le proporcionan nutrientes esenciales.

En general, se ofrece a los padres estrategias para conducir la alimentación de los chicos. Los alimentos seleccionados se distribuyen en 4 ó 5 comidas diarias, mientras que los más calóricos se reservan para un consumo eventual como salidas, cumpleaños, ocasiones donde no hay otras opciones.

Como regla básica, las frutas y verduras se pueden manejar con mayor libertad, también los cereales integrales. El grupo lácteo es esencial para los chicos y  también las proteínas que se incorporan a través de las carnes y huevo. El consumo de azúcares y grasas saturadas –fiambres, cremas, golosinas- es lo que hay que limitar.

Es frecuente que los padres sientan temor al pensar que si las dietas comienzan a edades tempranas es más probable que se produzcan trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia o bulimia en la adolescencia.

Los especialistas aconsejan que el tema alimentario no debe ser tratado como una dieta que empieza y termina, con premios y castigos donde la comida esté de por medio, sino de la manera más natural posible, como un estilo de vida saludable para el grupo familiar y que, al igual que la actividad física, se tiene que poder sostener en el tiempo.

Algunas pautas saludables

Estas recomendaciones pueden ayudar a generar mejores hábitos:

  • Se debe realizar las cuatro comidas principales. Evitan el “picoteo” sobre todo de golosinas o snacks
  • Es fundamental que los chicos desayunen porque tiene una incidencia sobre el rendimiento escolar
  • La alimentación variada debe ser incorporada desde pequeños
  • En los niños, hay que insistir especialmente con la actividad física. En la medida que tengan mayor desgaste energético van a poder compensar la ingesta de calorías que no pueden evitar por estar en crecimiento o por compromisos sociales.
  • Mantener una buena hidratación y preferir la ingesta de agua o jugos. El consumo de gaseosas suele ser un hábito arraigado desde pequeños y, aunque no debe ser prohibida, sí limitada.
  • Evitar la tentación del kiosco en la escuela. Enviar alimentos alternativos –barras de cereal, frutas secas, frutas frescas- y evitar la compra no dándoles dinero. 

En suma, una alimentación sana y equilibrada desde edades tempranas, un estilo de vida no sedentario y un entorno familiar con hábitos saludables son las tres condiciones básicas para abordar el sobrepeso y la obesidad.


Asesoró María Gabriela Asenzo, nutricionista


Hay 2 comentarios sobre esta Nota.
gabriela spilere dice:
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me gusto mucho la nota, muy completa, y sobretodo don PAUTAS, q es lo q a veces nos cuesta....
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Celeste dice:
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0
Muy buena nota y me sirve de mucho. Gracias
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