“Agarrá bien el tenedor.”, “Comé con la boca cerrada.”, “¡Usá la servilleta!”... El eterno discurso paterno a la hora de la comida suele transformar lo que debería ser un buen momento en una tortura para ambas partes: los chicos sufren por los retos, los padres se ponen nerviosos y todos terminan atragantados y deseando que el momento de la comida pase lo más rápido posible. ¡Justamente ésa, que suele ser una de las contadas ocasiones en las que la familia puede reunirse a pleno, cuando hay que encender el diálogo y apagar el televisor!
¿Vale la pena enseñarles a los chicos buenos modales en la mesa? ¿No sería más fácil dejarlos comer como quieran y evitarnos un mal momento?
Sí, seguramente sería “más fácil”, así como también sería más fácil no tener que vacunarlos y, sin embargo, lo hacemos y los contenemos en ese momento porque comprendemos su importancia.
Entonces, como padres se nos plantean dos cuestiones:
Los “buenos modales” en la mesa son, sin duda, una cuestión cultural, de ningún modo una cuestión universal y entre mi abuela que le ponía libros debajo de los brazos a mi papá para que no “volara” cuando cortaba y una persona con la que resulte desagradable compartir una comida, hay muchos puntos intermedios.
A través de los tiempos el hombre ha pasado de comer con las manos a inventar “herramientas” específicas para esta necesidad y hoy en día podemos observar que en diferentes culturas los parámetros de lo que se considera correcto a la hora de sentarse a comer pueden ser muy diferentes: entre el eructo que elogia la comida hasta los seis cubiertos, tres copas y sorbete de limón entre plato y plato se despliega un abanico de posibilidades.
Pero todas estas realidades pueden ser conversadas con los chicos y hasta pueden ser “un cuento” que les despierte interés en este punto. Comer de acuerdo a las normas de nuestro medio social es un aprendizaje que forma parte de la socialización y que es tan importante como aprender fórmulas de saludo y despedida, por ejemplo. Más allá de ser un mero capricho de los padres, tiene el valor de toda adquisición de pautas culturales.
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