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Los peligros del consumo de bebidas energizantes y deportivas en niños y adolescentes

Aunque muchas veces se crea que son lo mismo, las bebidas energizantes y las deportivas son distintas y sus ingredientes pueden resultar perjudiciales para niños y adolescentes.

Durante los últimos años las bebidas energizantes y las deportivas han protagonizado un boom comercial. Gracias a los efectos que prometen, se convirtieron en un elixir de energía para muchos adolescentes y también niños que no son conscientes de los efectos de estas bebidas sobre su organismo.

A raíz de este “estallido”, un informe de la Academia Americana de Pediatría (AAP) advirtió que los niños y adolescentes no deberían consumir bebidas energizantes y, salvo en casos muy especiales, tampoco deberían tomar bebidas deportivas. Esta recomendación se basó en los ingredientes de ambos tipos de bebidas que pueden tener efectos perjudiciales sobre los más chicos.


¿Qué diferencia hay entre las bebidas energizantes y las bebidas deportivas?


Aunque las bebidas energizantes son distintas a las deportivas, muchas veces los adolescentes se las confunden y las consumen como si fueran iguales para rehidratarse después de hacer ejercicio. Justamente por esta razón, uno de los puntos del informe de la AAP está dedicado a aclarar esta diferencia:

  • Las bebidas energizantes suelen contener grandes cantidades de cafeína, guaraná (un gramo de guaraná es equivalente a 40 miligramos de cafeína) y taurina, todos ingredientes altamente estimulantes para el sistema nervioso y cardiovascular . Mientras que las bebidas deportivas contienen carbohidratos, minerales, sodio, potasio, calcio, magnesio, y están destinadas a reemplazar el agua y los electrolitos perdidos a través del sudor durante un ejercicio intenso.


En el caso de las bebidas energizantes, hay latas que contienen una cantidad de cafeína superior a 500 miligramos, que es el equivalente al contenido de cafeína de 14 latas de gaseosa cola, y muchas veces son consumidas en grandes cantidades a veces mezcladas con alcohol, una combinación que puede resultar fatal. Teniendo en cuenta esto y que el consumo de cafeína se ha relacionado con una serie de efectos nocivos para la salud de niños y adolescentes, incluidos los efectos sobre el desarrollo neurológico y cardiovascular, estas bebidas deberían ser evitadas.

Distintos son los efectos de las bebidas deportivas, que a partir de sus ingredientes tienen como fin rehidratar el cuerpo tras una actividad física intensa. Sin embargo, estas bebidas de venta libre también tienen sus contraindicaciones, porque pueden ser útiles para los atletas jóvenes que participan en actividades físicas prolongadas e intensas y que necesitan reponer carbohidratos, pero en la mayoría de los casos son innecesarias en el campo de deportes o en el comedor de la escuela.

Esto se debe a que las bebidas deportivas contienen calorías de más que por lo general los niños no necesitan durante una rutina física típica, exceso que puede contribuir a la obesidad y a la caries dental. Lo mejor es que los chicos beban agua tanto durante como después del ejercicio y en las comidas y que tengan una dieta equilibrada con los aportes necesarios de carbohidratos.

En conclusión, los puntos más importantes a tener en cuenta acerca del consumo de bebidas energizantes y deportivas en los chicos son:

  • que las bebidas energizantes representan riesgos potenciales para la salud debido a los estimulantes que contienen, y nunca deben ser consumidas por niños o adolescentes.
  • que la ingestión habitual de bebidas deportivas debe evitarse o restringirse en niños o adolescentes ya que puede aumentar el riesgo de sobrepeso y obesidad, así como la erosión dental.
  • que las bebidas deportivas solo deben ser ingeridas cuando hay una necesidad de reposición rápida de hidratos de carbono y / o electrolitos en combinación con agua durante la actividad física prolongada e intensa, como puede ser el caso de un atleta o deportista.
  • que el agua debe ser la principal fuente de hidratación para niños y adolescentes.

 


Fuente: Academia Americana de Pediatría (AAP)

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