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Miedo al doctor

Para algunos niños, llegar al consultorio, tener que desvestirse y dejarse revisar, auscultar, pesar, etc. por un desconocido, no es una situación agradable. Pero como no es algo que los padres puedan evitarle, hay que buscar la forma de ayudarlos.

Para los padres de algunos niños de alrededor de dos años, tener agendada una consulta con el pediatra es motivo de preocupación cuando saben que el niño le tiene miedo a ir al doctor: algunos lloran, no dejan que los revisen y hasta vomitan en la desesperación que les produce la escena.

Es que si el niño es sano, no ve a su médico más de una vez al mes –y a medida que crece, las consultas se van espaciando- y la revisación a veces suele ser tan rápida que no da tiempo para establecer un vínculo que genere confianza.

Para algunos niños, llegar al consultorio, tener que desvestirse y dejarse revisar, auscultar, pesar, etc. por un desconocido, no es una situación agradable. Pero como no es algo que los padres puedan evitarle, habrá que buscar la forma de ayudarlos.

En primer lugar, siempre hay que avisarles a los chicos por la mañana que por la tarde van a ir a ver al doctor: nunca con más anticipación que el mismo día ni llevarlos “engañados”, porque esto último hará que pierdan la confianza en sus padres y generará una reacción todavía más negativa cuando se den cuenta de lo que pasa.

En segundo lugar, es una buena idea proponerles a los chicos que lleven juguetes para la sala de espera, materiales para dibujar y un libro para que sus padres puedan leerle. Si tiene un almohadón, un muñeco o una sábana a los que habitualmente recurre para dormir, o que busca cuando está angustiado, es importante que lo lleve.

Organizar de antemano algún programa interesante para después del médico también puede ser útil: avisarles que a la salida del médico los vamos a llevar a la plaza, a la casa de algún amigo o familiar donde se divierta, a comer algo rico que le guste mucho, o cualquier otra salida que le interese puede correr el foco de atención del consultorio. En el caso de hacer esto, es fundamental no presentarlo como un premio, ni condicionar la salida a “cómo se porte” con el médico. Tampoco hay que hacer advertencias del tipo “espero que te portes mejor que la vez pasada”, sino más bien tomarlo con naturalidad y desdramatizar la situación.

Los días previos a la consulta –o como actividad habitual si el niño tiene problemas sistemáticamente cada vez que tiene médico-, se puede jugar con él al doctor con las réplicas de juguete de los elementos típicos de un consultorio para que, mediante el juego, pueda desarrollar su fantasía y empezar a elaborar los miedos.

Y por supuesto, en el caso de que los padres sientan que no pueden manejar la situación, deben hablarlo en primer lugar con el pediatra y, de ser necesario, realizar una consulta psicológica para que los orienten acerca de cómo manejarse con el pequeño.

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